sábado, 20 de junio de 2026

DESPUES DE UN SUICIDIO... UNA CARTA.

 


 

Acompañando a una gran amiga de la exhumación del cadáver de su padre,

encontré un papel impecable, con un blanco reluciente que jamás había visto a mis años.

Ella no le dio importancia al hallazgo, aunque la miro y tal vez leyó pocas palabras.

Luego la arrojó al maderamen en trozos y polvo que cubría la ropa del difunto y sus huesos

Vi el cadáver: un cráneo vacío con mechas de cabello blanco y una ropa deshilada.

La tomé con naturalidad y el sigilo, la guardé, esperando que ella nada notara.

La leí al poco tiempo y quedé crispado y sin comprender: extrañado devoré la misiva.

La caligrafía era tan perfecta que parecía que cada letra proviniera de un mismo sello.

Las palabras entraron a mí con la imaginación clara jamás vista, como si viera lo que leía.

Fue un encuentro con lo que no existe, algo que se me salía de un contexto de la vida.

Nunca me imaginé que un hecho así me sucedería, pues he sido escéptico a lo paranormal.

Decía el escrito:

Muerto… Otro plano existencial. Créelo… Arturo, te está ocurriendo y es verdad.

Jamás me imaginé una eternidad así, pues no existe lo real ni lo irreal.

No veo distancia, ni tiempo, método, filosofía, movimiento, cosa, éter, deseo, amor u odio.

Estoy muerto y no quiero volver…  Así sea con la promesa de una felicidad estable terrenal.

Así sea que los que me provocaron mi suicidio funjan como bellos ángeles celestiales

Me vi en mi propio funeral, con aquellos seres que compartí, ahora alrededor de mi cadáver.

La hipocresía es evidente. El descaro es total, en qué mundo tan impuro pude existir.

Me pareció extraño ver a mis hijas llorando. Vecinos inmersos en la francachela de la maldad.

¿Será realmente por mi muerte? o porque recordaron un percance ajeno a mí.

Para ellas el dinero, el lujo y la comodidad fue el motivo principal de vivir.

Mis hermanas, esas que me difamaron en total orgia de burlas y vilipendios:

torcido, resentido y lo difundían en comunicación perenne con los cercanos.

Jamás comprendieron que mis elecciones ideológicas obedecían sólo al amor al desdichado.

Ahora lloran. Pregunto: ¿qué es lo que lloran?  no llores Alba, no esboces tu torpe disimulo.

¿De qué están hechas tus lágrimas, Alba? de veneno tal vez o de falsedad y traición.

Mi cadáver es visto en el ataúd brillante de madera tallada y al brillo del barniz.

En medio de flores extrañas adquiridas con las monedas del desdén, infamia y deshonra.

Gente que siempre me ignoró cuchichea demostrando un protocolo social más que dolor.

Con lo más mordaz y falaz de la simulación otros en silencio luctuoso miran mi cadáver.

Mis cuñadas dicen al unísono que se fue un gran hombre: ¿cuál?  don nadie para ustedes.

Infames todos..., me llevaron a la opción de mi suicidio. Son actores de mi tragedia existencial.

No tuve fuerzas para soportar su embestida, la muerte en vida dada por los que decían amarme.

No hay duda, descansé de un mundo agresivo y demoledor, ahora estoy mejor.

Simplemente la vida fue un infierno y no tuve fuerzas para luchar, fue mucho para mí.

Reconozco que perdí. Reconozco que fui débil, reconozco que no supe vivir.

Me hicieron odiarme, rechazarme y sentir la vergüenza de existir porque jamás fueron aliciente.

Mamá: esa la que sí me amó.  Dijo en lágrimas vivas que no pensé en ella con mi última decisión.

Mis tías, otras que me ignoraron, que borrachas de elites gozaron sin mirarme alguna vez.

Ellas están juntas en un rincón, de negro, todas con un chal y gafas oscuras.  Miserables.

Ellas, las que miran el vestido y el peinado de otras más no la razón de compartir dolor.

Gente de mi gallada barrial, ahí están, humildes, puro sentimiento, padecieron en mi muerte.

La humildad de los que me amaron luce clara y es real, afecto y devoción de verdad.

La negra dolores con una eternidad sirviéndonos, sin más interés que su verdadero dolor.

Mi amigo más querido, Juan Paz, tanto que le aprendí, cuanto esfuerzo y exhortación.

Juan…  no fui suficiente para vivir más, compartiste mi dolor, tu mano fue un incentivo.

Carlos Bassa, agiotista miserable, ahí estás, después de tu acoso y tu maldad qué haces ahí.

¿Qué haces ahí miserable? Infame, eres parte de lo que me llevó a mi trágica decisión.

Ese chulo negro miserable abre las alas como el demonio vivo y ahora se acerca a mi cadáver

El padre Thomas, en tu pecho recosté llorando mi cabeza buscando un alivio a mi pesar.

Muchas veces me socorriste en mi desesperación, buen ministro del Padre Celestial.

El padre celestial, que no veo, porque estoy condenado, pues solo Dios es el dueño de la vida.

No tuve otra opción y Dios sabe de mi angustia y sufrimiento y sé que pronto estaré con él.

Purgaré mi pecado en esta eternidad que es un verdadero descanso indescriptible.

Mi esposa… pobrecilla, no tuvo sabiduría para descubrir mi dolor. No la culpo. Sólo futilidad.

Una vida con ella, pero su gran amor por los suyos dejó poco para mi…ahora ya no importa.

Mi padre, en alma conmigo, está desde arriba mirando  hacia los suyos. Siempre.

Si estuvieras vivo papá, mi suerte hubiera sido otra, porque al irte te llevaste mi paz.

Aun así, hice lo que un hombre de Dios puede dejar en felicidad y gocé a los que ama.

Son palabras desde la verdadera paz; por eso las dejé cerca a la putrefacción de mi cadáver,

en medio de los lirios morados que la dócil brisa mueve como si estuvieran llorando,

debajo de un ciprés que erguido mira el panorama donde reposan el ajuar de las ánimas.

Gracias a la vida por estar muerto. Gracias a los que me vieron, nacer, crecer y morir.

Los que me amaron los llevare conmigo, los que me causaron dolor los perdono.

Dios tenga piedad de esta ánima que ahora se pasea por los rincones de la perpetuidad.

amen.

 

ARTURO MUSKUS VILLALBA

Derechos de Autor


2 comentarios:

  1. Adriana Veterinaria.
    Arturo, amigo, no me digas que te piensas suicidar... Dime amiguito.

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  2. https://novelasdearturomuskus.blogspot.com/2026/06/despues-de-un-suicidio-una-carta.html20 de junio de 2026 a las 10:27

    Ja ja ja nada. Yo te aviso.

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