Yo sé quién es ese hombre: se llama Juan Paz y es un tipo muy singular, un filántropo por su accionar frentero, un pacifista que pone la otra mejilla para calmar el ímpetu violento de quien lo humilla. Juan es muy romántico, lo noté por la forma de hablar de su mujer, que no hay duda ama profundamente. Es un enamorado de la vida y ha vivido sin ostentaciones, pero es feliz, lo juro; nunca había visto un ser humano degustar así la vida con todas sus alegrías y tristezas. Lo veo caminar con sus años viejos hasta perderse en la maraña que deja la lejanía del camino con el estrepitoso sonar de las cigarras que anuncian una tarde más de lluvia. A Juan nada le falta para alzar los brazos frente al arcoíris y dar gracias a Dios por ser feliz, por respirar, por caminar y por ser amado, por tener su tierrita enclavada en la montaña. Cuando a su casa llega ve la sonrisa tierna y alegre de su mujer, de sus hijos y sus nietos. Un día me dijo, en su labor madrugador del ordeño, que creía que la gente nunca abraza la felicidad cuando en vez de gozar su fortuna, primero difunde todos su goces a personas que simplemente no les interesa pero lo escuchan para mantener una relación apenas lacónica que muchas veces se plasma de hipocresía, por eso soterradamente se ríen por dentro, pensando seguramente algo como: -qué clase de imbécil es este tipo-, aunque no demuestran ningún atisbo de desdén, sino un interés ficticio. Este prototipo de personajes muy típicos en la América tercermundista es totalmente adverso a Juan Paz, porque viven en competencia perenne con sus similares, con la prepotencia y la arrogancia plasmada en su ADN transmitida por su estirpe ceñido por su ego demoledor. Cuenta con una voz demoniaca que llevan por dentro y que al final será la causa de su fracaso eterno de lograr su paz interior que cada ser humano deberá buscar y guardar en un rincón de su corazón. Por eso nunca serán felices, así su perfume francés lo siga orgulloso en su pobre condición. Nadie es más feliz que Juan, que no solo goza su vida a toda, ajeno de problemáticas laborales, de costos de producción, escases de materias primas, producto interno bruto, de proceder de gobiernos adversos y demás palabras que los técnicos de la economía manejan porque la única función social de Juan es vivir y regalar alegría y sosiego difundido en cada puerta que toca, sin la mínima solicitud de recompensa. Por eso es evocador de momentos felices desde su niñez, porque quien fue feliz de niño también lo será siendo adulto cuando el amor prima en su vida sellando por siempre su alma. Juan me dijo que de nada sirve una mesa con los mejores platos si sencillamente no tienes apetito. Si la opulencia da felicidad entonces los opulentos jamás llorarían -me dijo- los he visto llorar y hasta atentar contra lo más preciado: la vida. Juan toca puertas regalando amor con su humilde sonrisa, sus ojos saltones y su sombrero de paja ya desvencijado por el tiempo. Observé que la paga que recibe Juan no requiere monedero, ni billeteras con documentos, tarjetas de créditos, documentos del vehículos, ni el salvoconducto para su arma de fuego, porque son miles de sonrisas alegres extraídas, capaz de lograr algo de felicidad para disipar momentos de dolor. Juan dice que el amor es el ingrediente más importante para encontrar la felicidad, que es más valiosa que muchas minas de oro y plata. Por eso los opulentos mantienen relaciones frías como el hielo cuya prioridad rige solo en el factor dinero, pero nadie lo nota porque son increíblemente reservados, porque sus desgracias quedan en las cuatro paredes de su morada. Juan tiene alma de niño, lo aseguro, porque es ingenuo y bondadoso pues no necesita de la estrategia del jugador de poker, ni el cinismo del truhan, ni la soberbia del poderoso acaudalado. Cuando habla Juan avoca el tema lentamente y con humildad, que quien no le conoce pudiera aducir de forma segura que Juan es un ignorante y un necio hasta que su discurso se decanta en su realidad espiritual que llena sentimientos provocando contagio y admiración sin una sola palabra rebuscada. Juan siempre escucha con paciencia de pescador solitario y cuando te habla te mira los ojos exhalando el olor de la ternura, la bondad y la compresión. Qué día lo vi sonreír cuando miraba un colibrí sobre un roja cayena en una dorada tarde de abril en su jardín, A Juan le afecta el mal ajeno, porque viendo la pobreza y la desgracia de otros, sufre, se deprime y ni siquiera lo disimula. Este hombre aprendió a compartir todo, así sea un pedazo de pan. Juan es supremamente culto, porque no hay un tema que no domine, Viste sencillo y no le importa la marca de su ropa y el comentario burlesco por lo que lleva puesto; no propende para que conozcas a lujo de detalle el valor donde acaba de estar y mucho menos de su proveniencia; es decir, nunca habla de su plato favorito que degustó, ni la locura del lujo de ese restaurante donde sólo vio personajes clonados adversos a él, ni la calidad del vino que degustó, porque estoy seguro que aunque Juan fuera de linaje noble y tuviera muchos bienes seguiría siendo el mismo Juan Paz que todos conocen. Este hombre jamás tuviera la mentalidad del pudiente en el goce de todo lo que genera placer a todo dar y fuera consciente que a nadie le importa que el vino de su cena fue un Burdeux (Château Margaux) y mucho menos cuando un desposeído lo escucha, que seguramente ese pobre hombre resiente de la vida por su imposibilidad de darse esos goces del pudiente. Juan camina lento y a veces se detiene mirando las piedras del camino, oyendo las aves canoras y el suave sonido de sus alpargatas sobre el barro seco. Juan socorre al necesitado del camino aunque sea un desconocido, porque prefiere seguir los postulados de aquel hombre hijo del carpintero judío ante un samaritano arrogante sin un ápice de llevar en la frente el INRI de fariseo hipócrita. Viendo tantos años a su amada esposa a su lado, cree que el ángel del amor sí existe, que sólo la gente como él puede ver, más no aquellos que creen que la vida únicamente vale la pena cuando se aumenta la fortuna, no importando a quien te lleves por delante.. Lo critican y hasta lo hieren ciertos personajes dueños absolutos de la verdad y la razón, cuya arma más letal es el vilipendio y el gozo del dolor ajeno. En el postre de la vida algunos se creen la crema y nata movidos por la insípida cereza roja y brillante en el lugar de los de arriba, sólo bajo el talante de aparentar y demostrar una grandeza que nunca han tenido ni tendrán. Dice Juan que el pragmatismo y el sentido práctico de las cosas jamás será la solución para toda problemática no importando la opinión del sabio, ni del ignorante, ni del charlatán, es decir, el cálculo por encima de un acto de benevolencia y humanidad. Afirma con vehemencia a los cuatro vientos que los místicos, la espiritualidad y la bondad no van más allá de sus conveniencias sociales, pues creen que otros miran el ángulo de las cosas bajo la ridiculez, la cursilería y el resentimiento social, como si supieran claramente que el mundo de hoy, donde los valores se venden, adolece del amor, honor, moral, solidaridad y los principios cristianos. Hoy hay deterioro de aquello que fortalece una sociedad de paz y equidad aunque se jacten de hablar de democracia, derechos humanos, igualdad social y no sé qué más mentiras, porque nunca se cumple a cabalidad, porque predomina ese que todo lo compra. No hay un solo valor humano que el dinero no compre, desde lo interno humano hasta las bragas de las mujeres bellas pero díscolas y vacías, como siempre ha sido en la historia de la humanidad, donde las putas han estado siempre mencionadas como personajes de la historia universal teñida por una fantasiosa ética que nadie cumple, mientras se lleva por delante la dignidad y los derechos de un parroquiano humilde que solo desea ser feliz. Juan nunca cambiará, me lo ha dicho hasta la saciedad, hasta que en la agonía de su vida respire por última vez y cuando él ya no esté en este plano existencial podrá señalar en paz a todos los que lo amaron y también los que le hicieron daño. Simplemente... Solo sé que este hombre es llamado Juan Paz y para mí proviene del espacio sideral pues estoy seguro que humano no es.
Las novelas de Arturo Muskus Villalba muestran la expresión cruda de hechos reales, narrados con lo picante de las más bajas pasiones; lo más triste de la absurda ignominia en la miseria total, hasta el tableteo estridente de ametralladoras en cincuenta años de guerra imparable en Colombia.
sábado, 18 de abril de 2026
YO CONOCÍ A JUAN PAZ, EXTRAÑO PERSONAJE.
Yo sé quién es ese hombre: se llama Juan Paz y es un tipo muy singular, un filántropo por su accionar frentero, un pacifista que pone la otra mejilla para calmar el ímpetu violento de quien lo humilla. Juan es muy romántico, lo noté por la forma de hablar de su mujer, que no hay duda ama profundamente. Es un enamorado de la vida y ha vivido sin ostentaciones, pero es feliz, lo juro; nunca había visto un ser humano degustar así la vida con todas sus alegrías y tristezas. Lo veo caminar con sus años viejos hasta perderse en la maraña que deja la lejanía del camino con el estrepitoso sonar de las cigarras que anuncian una tarde más de lluvia. A Juan nada le falta para alzar los brazos frente al arcoíris y dar gracias a Dios por ser feliz, por respirar, por caminar y por ser amado, por tener su tierrita enclavada en la montaña. Cuando a su casa llega ve la sonrisa tierna y alegre de su mujer, de sus hijos y sus nietos. Un día me dijo, en su labor madrugador del ordeño, que creía que la gente nunca abraza la felicidad cuando en vez de gozar su fortuna, primero difunde todos su goces a personas que simplemente no les interesa pero lo escuchan para mantener una relación apenas lacónica que muchas veces se plasma de hipocresía, por eso soterradamente se ríen por dentro, pensando seguramente algo como: -qué clase de imbécil es este tipo-, aunque no demuestran ningún atisbo de desdén, sino un interés ficticio. Este prototipo de personajes muy típicos en la América tercermundista es totalmente adverso a Juan Paz, porque viven en competencia perenne con sus similares, con la prepotencia y la arrogancia plasmada en su ADN transmitida por su estirpe ceñido por su ego demoledor. Cuenta con una voz demoniaca que llevan por dentro y que al final será la causa de su fracaso eterno de lograr su paz interior que cada ser humano deberá buscar y guardar en un rincón de su corazón. Por eso nunca serán felices, así su perfume francés lo siga orgulloso en su pobre condición. Nadie es más feliz que Juan, que no solo goza su vida a toda, ajeno de problemáticas laborales, de costos de producción, escases de materias primas, producto interno bruto, de proceder de gobiernos adversos y demás palabras que los técnicos de la economía manejan porque la única función social de Juan es vivir y regalar alegría y sosiego difundido en cada puerta que toca, sin la mínima solicitud de recompensa. Por eso es evocador de momentos felices desde su niñez, porque quien fue feliz de niño también lo será siendo adulto cuando el amor prima en su vida sellando por siempre su alma. Juan me dijo que de nada sirve una mesa con los mejores platos si sencillamente no tienes apetito. Si la opulencia da felicidad entonces los opulentos jamás llorarían -me dijo- los he visto llorar y hasta atentar contra lo más preciado: la vida. Juan toca puertas regalando amor con su humilde sonrisa, sus ojos saltones y su sombrero de paja ya desvencijado por el tiempo. Observé que la paga que recibe Juan no requiere monedero, ni billeteras con documentos, tarjetas de créditos, documentos del vehículos, ni el salvoconducto para su arma de fuego, porque son miles de sonrisas alegres extraídas, capaz de lograr algo de felicidad para disipar momentos de dolor. Juan dice que el amor es el ingrediente más importante para encontrar la felicidad, que es más valiosa que muchas minas de oro y plata. Por eso los opulentos mantienen relaciones frías como el hielo cuya prioridad rige solo en el factor dinero, pero nadie lo nota porque son increíblemente reservados, porque sus desgracias quedan en las cuatro paredes de su morada. Juan tiene alma de niño, lo aseguro, porque es ingenuo y bondadoso pues no necesita de la estrategia del jugador de poker, ni el cinismo del truhan, ni la soberbia del poderoso acaudalado. Cuando habla Juan avoca el tema lentamente y con humildad, que quien no le conoce pudiera aducir de forma segura que Juan es un ignorante y un necio hasta que su discurso se decanta en su realidad espiritual que llena sentimientos provocando contagio y admiración sin una sola palabra rebuscada. Juan siempre escucha con paciencia de pescador solitario y cuando te habla te mira los ojos exhalando el olor de la ternura, la bondad y la compresión. Qué día lo vi sonreír cuando miraba un colibrí sobre un roja cayena en una dorada tarde de abril en su jardín, A Juan le afecta el mal ajeno, porque viendo la pobreza y la desgracia de otros, sufre, se deprime y ni siquiera lo disimula. Este hombre aprendió a compartir todo, así sea un pedazo de pan. Juan es supremamente culto, porque no hay un tema que no domine, Viste sencillo y no le importa la marca de su ropa y el comentario burlesco por lo que lleva puesto; no propende para que conozcas a lujo de detalle el valor donde acaba de estar y mucho menos de su proveniencia; es decir, nunca habla de su plato favorito que degustó, ni la locura del lujo de ese restaurante donde sólo vio personajes clonados adversos a él, ni la calidad del vino que degustó, porque estoy seguro que aunque Juan fuera de linaje noble y tuviera muchos bienes seguiría siendo el mismo Juan Paz que todos conocen. Este hombre jamás tuviera la mentalidad del pudiente en el goce de todo lo que genera placer a todo dar y fuera consciente que a nadie le importa que el vino de su cena fue un Burdeux (Château Margaux) y mucho menos cuando un desposeído lo escucha, que seguramente ese pobre hombre resiente de la vida por su imposibilidad de darse esos goces del pudiente. Juan camina lento y a veces se detiene mirando las piedras del camino, oyendo las aves canoras y el suave sonido de sus alpargatas sobre el barro seco. Juan socorre al necesitado del camino aunque sea un desconocido, porque prefiere seguir los postulados de aquel hombre hijo del carpintero judío ante un samaritano arrogante sin un ápice de llevar en la frente el INRI de fariseo hipócrita. Viendo tantos años a su amada esposa a su lado, cree que el ángel del amor sí existe, que sólo la gente como él puede ver, más no aquellos que creen que la vida únicamente vale la pena cuando se aumenta la fortuna, no importando a quien te lleves por delante.. Lo critican y hasta lo hieren ciertos personajes dueños absolutos de la verdad y la razón, cuya arma más letal es el vilipendio y el gozo del dolor ajeno. En el postre de la vida algunos se creen la crema y nata movidos por la insípida cereza roja y brillante en el lugar de los de arriba, sólo bajo el talante de aparentar y demostrar una grandeza que nunca han tenido ni tendrán. Dice Juan que el pragmatismo y el sentido práctico de las cosas jamás será la solución para toda problemática no importando la opinión del sabio, ni del ignorante, ni del charlatán, es decir, el cálculo por encima de un acto de benevolencia y humanidad. Afirma con vehemencia a los cuatro vientos que los místicos, la espiritualidad y la bondad no van más allá de sus conveniencias sociales, pues creen que otros miran el ángulo de las cosas bajo la ridiculez, la cursilería y el resentimiento social, como si supieran claramente que el mundo de hoy, donde los valores se venden, adolece del amor, honor, moral, solidaridad y los principios cristianos. Hoy hay deterioro de aquello que fortalece una sociedad de paz y equidad aunque se jacten de hablar de democracia, derechos humanos, igualdad social y no sé qué más mentiras, porque nunca se cumple a cabalidad, porque predomina ese que todo lo compra. No hay un solo valor humano que el dinero no compre, desde lo interno humano hasta las bragas de las mujeres bellas pero díscolas y vacías, como siempre ha sido en la historia de la humanidad, donde las putas han estado siempre mencionadas como personajes de la historia universal teñida por una fantasiosa ética que nadie cumple, mientras se lleva por delante la dignidad y los derechos de un parroquiano humilde que solo desea ser feliz. Juan nunca cambiará, me lo ha dicho hasta la saciedad, hasta que en la agonía de su vida respire por última vez y cuando él ya no esté en este plano existencial podrá señalar en paz a todos los que lo amaron y también los que le hicieron daño. Simplemente... Solo sé que este hombre es llamado Juan Paz y para mí proviene del espacio sideral pues estoy seguro que humano no es.
viernes, 18 de julio de 2025
ESE VIEJO PORTON.
Regresé porque creí recoger mis recuerdos más sensibles de
mi vida.
Volvía a ver las calles arenosas de mi pueblo, después de
tantos años lejos en la soledad.
Vi un sol canicular en el medio día que irradiaba en los
almendros polvorientos en verano.
Vi los niños jugando en la calle que me sacudían las
evocaciones más profundas de mi infancia.
Hasta que divisé el viejo portón, ese cuadro hermoso que me
vio nacer, crecer y volver.
Ahí paré y lloré agarrando las maderas del portón
desgastadas por el tiempo.
No sé si lloré de tristeza o de felicidad, pero estaba ahí
donde soñé.
Las violetas de mamá estaban iguales, en su color a su
máximo esplendor.
Por eso sentí mi corazón latir fuertemente ante ese cuadro
esperanzador.
He vuelto, estoy acá, otra vez con ellos, los míos. Cuánto
ansié este momento.
Sentí esos olores a
mi niñez y voces en mi mente como si hubiera regresado del pasado.
El mismo canto de las mirlas en lo alto del viejo ciruelo. El olor a estufa de leña, al horno de barro.
La palma seca del tejado estaba ahí.
He vuelto y aquí estoy y me voy a quedar.
Pero mi perro no me ladró alegremente como antes, me reconocía
el sabueso en la distancia.
Mi perro no llegó a mí; recuerdo verlo mover su cola cuando
llegaba.
El silencio era aterrador. Algo me decía que no habría
felicidad sino tristeza y sentí miedo.
Sentí miedo de entrar, después de tantos años otra vez mi hogar,
mi feliz infancia allí palpada.
Grité llamando varias veces y nadie contestó.
Abrí el portón y pasé; caminé despacio hacia adentro por lo
que fue el jardín de mamá:
No estaban sus rosas, sus claveles, sus azucenas, ni las
canastas de helechos.
Llegué al cuarto que había sido mío desde la niñez y estaba
vacío.
Caminé lento sangrando en mis recuerdos más sublimes.
A lo lejos vi el retrato desvencijado de mis abuelos, como mirándome
con reproche.
Esperaba a mamá con los brazos abiertos; más aún, a papá,
ese que un día se fue y nunca volvió.
Mi padre: ese campesino bueno con botas de caucho, un
uniforme camuflado y un tiro en la sien:
Dizque por
guerrillero apareció muy lejos y por eso lejos me fui.
La calidez de mamá no llega a mí y ahora me cuesta respirar
con mi sollozo latente.
Mis hermanos… dónde estarán?
Esperaba a todos abrazarme, pero nadie llegó a mí. El
silencio persistió y era total.
Puse mis valijas en una mesa y miré las láminas de zinc
corroídas por el tiempo
Las telarañas en las claraboyas de la sala y más allá los
muebles desvencijados de mamá.
He regresado, solo para saborear siquiera un poco de
felicidad como ayer.
Vi un farol tiznado de alguna navidad juntos que reconocí sobre
un muro de la negra cocina.
El eterno limonar lánguido estaba a fondo del patio y el
cafetal seco que me vio crecer.
He regresado para rehacer mi vida después de tantos años de soledad,
rejas y encierro.
He regresado después del crujir de cadenas y candados.
He regresado después de añorar la libertad y la vida al sol como la cigarra. Hoy creo
que he muerto varias veces en medio de la tortura y la desesperanza.
He regresado en la desgracia de creer que la lucha por los
demás era grata y bien pagada.
He regresado para sentir a mamá y contarle todo mi dolor en ese largo encierro, llorar en
su pecho arrepentido, pero ella no estaba.
El silencio era diciente y me humillaba.
Abrí una puerta y un anciano moribundo desconocido me
reprochó mi presencia.
Acostado en un catre nauseabundo y sucio en la oscuridad del
pequeño cuarto, me dijo:
unos murieron y otros se fueron y esto ya no es suyo, váyase.
No me diga que no sabe del pasado de este infeliz pueblo.
Quise quedarme un poco más pero ya nada estaba igual.
El nudo en la garganta me retorcía el alma.
Vi en la esquina del pasadizo la máquina de coser de mamá y a
ella mirando lejos.
Váyase me dijo el
viejo, ni sus recuerdos de este mugroso rancho ahora pertenecen a usted.
Búsquelos porque en este pueblo infausto ya no están, la
violencia se los tragó.
Me di la vuelta y tomé mis valijas llorando hasta salir por
el viejo portón.
Miré otra vez hacia adentro como si viera a mamá limpiando
el arroz en su taburete;
o con su mirada lejos hacia afuera desde arriba de su máquina
de coser.
Vi la cocina ahumada por el rigor del tiempo y como espejismo a papá con su machete al cinto.
El pilón, las viejas ollas tiznadas y la estufa de concreto
los vi por la ranura de la puerta.
Ya no están. Ya no existen sino en mi memoria. Miro al cielo
cierro el portón y me marché.
Nunca más volveré. La violencia y la guerra acabaron hasta con
mis recuerdos.
Oí por ahí: ''que viva la patria'' y con el camino pedregoso sigo adelante.
No volví a mirar atrás, al rancho donde crecí. ¿Cuál patria? Digo yo.
lunes, 2 de septiembre de 2024
EN NOVIEMBRE LLEGABAN LAS LAURAS...
Bellos recuerdos
aquellos en el pasar de mi vida.
Mi eterna casa,
amplia, acogedora y de ambiente alegre.
Paredes que nunca
fueron paraíso de sinsabores ni heridas.
Con las lauras, la brisa pronto vendrá, el verano está aquí.
Laura: ave emigradora de vuelo majestuoso de América.
Todos nos alegramos
cuando el olor a navidad nos abrazaba.
El ambiente cambiaba
y en nuestros temperamentos mucha paz.
Ya el viejo no está,
ni las lauras llegan, tampoco el cocotero espigado.
Solo queda una mole
de concreto riéndose orgullosa sobre mi recuerdo.
Todo se lo lleva el
presente, hoy con gente frívola, vacía y sin poesía.
Ya nadie mira en
silencio un colibrí sobre la azucena engreída y coqueta.
El siglo veintiuno
será espiritual o simplemente no será. Dijo el sabio.
Y de nuestras tumbas
no quedará la cruz, ni lápida, ni lirios morados.
Tu retrato será una
imagen ignorada y algún día a la basura llegará.
Las lauras nunca vendrán
y ese jardín será otra mole de concreto.
Ojala nunca vea la pared fría de ese jardín con obreros y
piquetas.
Pero será así, aunque lo vivido solo reposa en nuestro corazón.
Oh, recuerdos bellos, será lo único que no me podrán quitar jamás.
Oh Dios.
martes, 11 de junio de 2024
jueves, 23 de mayo de 2024
LA MUSICA EN EL AMOR DEL AYER.
En 1978, era yo un joven de veinte años, lleno
de sueños en mi bella Barranquilla,
y ya me gustaba esas canciones hermosas: salsas
merengues y vallenatos.
Crecí oyendo música en el frenesí de la vida y sentí
contra mí muchas jóvenes,
lindas todas, tiernecitas y llenas de sueños
bellos. Sentía uno el corazón de ellas
latir como golpeando nuestro pecho en cada nota
de esas bellas melodías.
Ellas esparcían sus feromonas cual mariposas de
colores en un lugar cálido y bello
indescriptible por la emoción de ese encuentro
al solaz en la ternura, ambos,
cuando el amor nos miraba entre bambalinas. Quien
sabe cuántos besos arranqué,
besos que se quedaron gravitando por siempre en la inmensidad de la vida.
Bueno ha pasado el tiempo y ahora solo tengo
junto a mis arrugas y mis canas
una vida bien vivida y el recuerdo de lo bello
como si hubiera sido ayer en la tarde
en mi Barranquilla, con su crepúsculo de arreboles
de llamas rojas y amarillas.
Lo único que me queda son los recuerdos, que
son como preciosas joyas
depositados en el cofre de mi mente. ¿Existir?
sí, soy consciente, pero esas bellas
canciones son testigos evidentes de los más
sublime cuando arrancas un beso
a una mujer joven e inexperta en lidias del
corazón y le sientes ruborizar sus vellos
palpando la pasión de su cálida boca. La música
era propicia para que ellas
entregaran su amor en aventura loca y en
pase suave, con el eclipse de la pasión.
Ellas quedaban extasiadas y cerraban los ojos para
que probara su boca ansiosa.
Sí... explotaba un éxtasis de
promesas de juventud, de amar para siempre,
no sabiendo que en el frenesí de la vida de aventuras en la juventud se
borraban esas palabras de hojas secas al viento
madrugador en un frio amanecer.
Una de estas canciones fue ¨Tienes que
quererme Corazón´ del gran maestro
Chico Cervantes de Magangué Bolívar. Excelente amigo. Gracias maestro.
Allá en la eternidad donde ahora estás nos vamos a ver pronto.
ARTURO MUSKUS VILLALBA
DERECHO DE AUTOR
MINISTRIO DEL INTERIOR
REPUBLICA DE COLOMBIA
martes, 23 de abril de 2024
AL OTRO LADO DEL MAR.
¨Al encontrar en la WEB YouTube la canción ¨ Al otro lado del mar¨ del grupo Proyecto Uno, observé un cibernauta que dejó un comentario recordando esta canción como una faceta inolvidable de su vida, con un fugaz clamor ante una ilusión fallida de una relación imposible en unas vacaciones en la isla de San Andrés, Colombia. La música aviva recuerdos, como la brisa del mar aviva la llamarada en la noche sobre la arena. Me impresionó ese amor de juventud de ese personaje y escribí esta poesía¨
AL OTRO LADO DEL MAR
Atreves del tiempo aun te veo bella y
amada en tu recuerdo.
Tiempo ha pasado y tu sonrisa prevalece
en mi mente como si fuera ayer.
La vieja moto, tu vestido blanco, mi
uniforme caqui de teniente, tu mirada.
La rosa roja que puse en tus manos,
loco por tu ser y tu belleza.
El primer beso, en ese viejo hotel en
que esas vacaciones te hospedaste.
Tu cara bronceada, tus ojos verdes
como el mar, ese que acarició tu piel,
tu cabello rizado, tu sonrisa
encantadora, más bella que el mar y las palmeras
Veinte largos años caminando por ese
viejo hotel y no te olvido, Catalina.
El amor más puro, que un hombre pueda
sentir por una mujer.
Ya no están las buganvilias al fondo donde
te veo en la fotografía sonriente.
Que será de ti, amor, seguro solo soy
un recuerdo fugaz y nada más.
Esa cena con tus padres, donde tu
encanto venció mi inmensa timidez
la canción que te gustaba, ¨al otro lado del mar¨, que bailamos piel a piel,
en esa discoteca donde te sentí mía y
pensé ilusamente que volverías a mí,
donde te robé esos besos, la tibiez
de tu cuerpo y tus gestos de placer,
besos que quedaron flotando en el
tiempo y en el espacio para siempre.
Te recuerdo entre susurro de palmeras
y el canto misterioso de las olas,
que me dijeron que jamás serías mía:
hombre iluso y soñador, nunca jamás.
El viejo hotel ahora es una mole de
concreto, que pasa sórdido al tiempo.
Tus cartas, que aún conservan el
perfume de Arpege siempre están conmigo.
Esas cartas que en el relicario de
mis sentimientos yacen dormidas a tu espera.
Dos cartas y te fuiste. Te perdiste
en la inmensidad de la vida y el tiempo
Tu despedida en ese triste avión que
te llevó para siempre, el HK220
Nos alejamos de la gente y vino ese último
beso con tu labial en mi boca.
Abordaste y me mirabas con un adiós
que ahora sé fue para siempre
y se perdió en la bruma, ese monstruo
volador que se llevó a mi amada.
Y con llanto seguí esa nave hasta ser
un punto y perderse en la inmensidad.
Nunca más te vi, Catalina, Y tal vez
fui un capricho hiriente de tu juventud.
Si no me amabas y sabías que no
volverías entonces por qué de tus lágrimas.
Hoy escuché esa canción en mi soledad
de esta isla y te recordé una vez más,
otra vez tu sonrisa encantadora, tus
ojos verdes, la enredadera del viejo hotel.
Catalina, eres mi sueño fallido y no me
resigno a perderte, no sé qué será de ti.
Solo eres parte de mi recuerdo y estaré esperándote siempre en esta isla.
Donde quiera que estés ahí estaré. Siempre....
ARTURO MUSKUS VILLALBA
DERECHO DE AUTOR
viernes, 12 de abril de 2024
HAY LENGUAS......
Hay lenguas….
Lengua: manojo de nervios que te honra,
pero también te destruye
Perverso músculo sentado en la boca
que hace pecador al piadoso
Pues claro, tienes cerebro y neuronas,
pero la lengua es la que dice
La lengua: poderoso órgano humano que
causa alegría y veces llanto
En el mundo de Dios hay todo tipo de
lenguas en formas y tamaños
Aquellas que hieren a diario como la
bayoneta, la espada o la daga
Lenguas vestidas de pastores y sotanas,
pero no representan a Dios
Que prometen honor con su fusil, pero
matan inocentes para lograr virtud
De las que hacen democracia engañando
ignorantes sólo para tener más.
Lenguas que se aprovechan de la
ignorancia para propagar pobreza
Fariseas porque se creen salvas en la
fe, pero degradan y difaman
Que creen que tocan a Dios, pero sólo
están inmersas en la vanidad
Lenguas taciturnas pero impías, que
sólo avergüenzan en causa ajena
Hay lenguas que se creen inequívocas
y por eso su prepotencia reluce
He visto lenguas benefactoras pero ebrias
en el licor abusan y mienten
Hay lenguas mundanas que gozan con lo
fútil del mundo de hoy
Hay lenguas peligrosas productos de
mentes apasionadas e impulsivas
Otras inocuas, pero sólo demuestran ignorancia,
retardo y necedad
Hay lenguas que asechan y esperan que
caigas para agredirte aún más
Traidoras que desasen pactos de amor
como la de Judas Iscariotes
Lenguas llenas de veneno que solo demuestran
lo que llevas por dentro
Lenguas pútridas abominables como los
latigazos lastimeros a Cristo
Lenguas enfermas de frenesí en la
morbosidad y la degeneración.
Lenguas satánicas e inquisidoras difundidoras
de infamias y falacias
Lenguas que gozan con el mal de otros
y lo comentan a lo manzanillo
Triste, pero las hay inmensas que
acusan y señalan y jamás perdonan
Otras que se burlan, mortifican y escarnecen
porque lo tienen todo
Otras que son especiales, leídas y eruditas,
pero sólo para causar dolor
Las que azotan en nombre de Dios,
pero al final pecan y blasfeman
Tumbas blanqueadas de fresco mármol blanco,
pero por dentro apestan
Lenguas que oran día y noche, pero así
mismo están con el mazo dando
Lenguas que causan desgracia y
desolación a una humanidad ingenua
Pero Hay lenguas que llenan el
ambiente de amor y paz
Hay lenguas bellas, benditas que
expresan lo que dice Dios
Lenguas que exaltan paz y alegría y
quitan la tristeza
Otras que expresan humildad, bondad y
te alegran tu existir
Otras que te alegran el alma por su
gracia e imaginación jocosa
Si una lengua te hace daño déjala,
Dios es la que más castiga
El silencio y el desdén es tu mejor
reacción a una legua sucia
Recuerda que la lengua es el reflejo
de lo que llevas en el corazón
Seguro dirás imponente que ninguna de
estas lenguas es la tuya
Sé sincero contigo una vez en tu vida
y reconoce cual es la tuya
No te burles, no sabes todo, piensa y
ora por una lengua mejor
Es el único camino para llegar a
Dios.
ARTURO MUSKUS VILLABA.
DERECHO DE AUTOR






